Desde hace tiempo todo el mundo esta hablando de la decadencia de la industria musical por no adaptarse a los cambios y no querer reenfocar su modelo de negocio hacia las nuevas tecnologías. Aunque ya hay alguna que lo ha hecho, y con gran éxito, son muy minoritarias. Hay bastantes ejemplos de esto en industrias que no están sabiendo adaptarse o redefinirse al cambio. Puedo asumir que los grandes directivos de las grandes discográficas, continuando con el ejemplo, pensasen hace años, incluso ahora,  que son los reyes del mambo y que nadie los va a bajar de su pedestal. Puedo entenderlo. Es gente que históricamente ha hecho funcionar su negocio de una manera y ahora toca redefinirla por completo. Sino lo hacen morirán. Así de simple.

Pero el motivo de este post es comentar una “industria” que, en mi humilde opinión y con los datos que manejo, creo que no se esta adaptando al vertiginoso mundo de Internet. ¿Cual? La industria del software de escritorio. ¿A que parece extraño?. Cada día salen nuevos lanzamientos de aplicaciones típicas de escritorio pero que están online. Hay editores de fotos, editores de texto, hojas de cálculo, gestión de proyectos,  incluso sistemas operativos!!! Y cada día aparecen nuevas. Es verdad que algunos de estos servicios o productos surgen de empresas de software de escritorio pero tengo la sensación que son una minoría. Parece que los grandes están despertando ahora, pero hay algunos de estos nichos que ya los tienen más que perdidos. Y sino que me expliquen ahora  como los fabricantes de software de gestión de fotografías compiten con flickr….¿No es paradójico que la propia industria del software este dentro de esa vorágine? ¿No es emocionante saber que estamos dentro de un mundo ultra competitivo y el que no esta despierto muere? Me imagino la respuesta de los directivos de las grandes empresas pero a mí, como usuario y  emprendedor, me parece genial. El usuario gana en calidad y capacidad de elección. Los “pequeños emprendedores” ganan en oportunidades.

Y, sinceramente, a los grandes empresarios con un poco de vista no les cuesta mucho mantener su posición si están despiertos.
 

Como decía aquel presentador tan bonachón: ¡A jugar!